CAPÍTULO CUARTO
ENFRENTANDO LA VIOLENCIA

  1. LAS DISTINTAS EXPERIENCIAS DE LA POBLACIÓN

Una parte importante de la experiencia de la gente lo constituyen los mecanismos que ha utilizado para enfrentar las consecuencias de la violencia. A pesar del peligro, muchas personas y grupos se mostraron activas.

La cultura

La cultura maya ha caracterizado las formas de enfrentar la violencia, en el siguiente cuadro se resumen algunas de esas características culturales.

La cultura maya como fuente de recursos15

Pensamiento analógico: recurso importante de imágenes y metáforas en el pensamiento y lenguaje.

Los q´eqchi´es, por ejemplo, hablan del mwel de las cosas. El mwel podría ser caracterizado como la interioridad que integra a cada ser dotándolo de "dignidad" propia y además de la "capacidad" de servir para lo que está destinado (por ejemplo, el maiz tiene su mwel).

Concepción del tiempo: es circular, no hay una separación lineal pasado-presente, y está unido a los ritmos de la naturaleza, lento y en función de la sociabilidad comunitaria.

Todas las cosas tienen, pues, su misterio, su "dueño" (ajaw). El tiempo también. Por eso para los mayas fue y vuelve a ser tan importante conocer y saber aplicar bien su calendario. Cada día tiene su "dueño", como también los diferentes períodos calendáricos.

Relación vida/muerte: relación de cotidianeidad entre los vivos y los muertos y antepasados. Presencia continua de esa relación en ritos, sueños, celebraciones y ceremonias.

En realidad el maya concibe su identidad como un conjunto espiritual de pertenencia que integra por igual a los antepasados y a los actuales descendientes. Así, entre los achíes, la palabra mam designa lo mismo a los abuelos antepasados y a sus nietos recién nacidos

Cosmovisión: visión de integralidad persona-naturaleza-comunidad. Esas relaciones tienen un conjunto de significados propios.

La cultura maya percibe al individuo como destinado a integrarse en una Realidad que le trasciende, que existía de antes y que le sobrevivirá a su condición temporal. Esa percepción vale para su modo de posicionarse ante la naturaleza, ante la comunidad, ante la historia, ante los espíritus y ante el Ajaw.

Valor de la persona y comunidad: La persona es considerada con respeto, como parte de la comunidad. Importante sentido comunitario de la identidad.

Respeto significa tener en cuenta la dignidad del otro y actuar en consecuencia. El primer "pecado" que narra el Poop Wuj es aquél de los "hombres de palo" que no supieron respetar a las ollas, los comales, las piedras de moler y los perros.

Reciprocidad: La relación de las personas con la naturaleza, con los demás o con los espíritus se construye en la reciprocidad. Esta relación supone interdependencia y tiene implicaciones en la concepción de la reparación del daño.

En el Poop Wuj, hasta los "Creadores y Formadores" de los hombres esperan que la gente les dé de comer. Los mayas queman candelas en sus ceremonias para restablecer esa relación y alimentar (huelan, kesiqonik) a Dios y a los antepasados.

Los distintos afrontamientos

En uno de cada tres testimonios se refiere desplazamiento y al menos en la mitad de las ocasiones los sobrevivientes trataron de enfrentar directamente la situación, aún dentro de sus limitaciones. Le siguen en frecuencia son las conductas de solidaridad y las precauciones y medidas de vigilancia. Posteriormente, aparece un grupo de formas de afrontamiento muy diversas, y que se refieren a muy distintas experiencias (compartir experiencias, el retorno, el autocontrol, la reconstrucción de lazos familiares, la resistencia en situaciones límite, el no hablar de lo sucedido, el afrontamiento religioso, el compromiso político, la resignación y la interpretación de los sueños)16.

Vivir en medio de la violencia.

En términos globales, es la que explica en mayor grado la experiencia de la gente, entre la resistencia y la adaptación para vivir en medio de una situación militarizada. Las formas de preservación (como el no hablar y tratar de controlarse), de apoyo mutuo (como las conductas de solidaridad), y de tratar de hacer algo para enfrentar los hechos (como buscar a sus familiares), o las formas de afrontamiento religioso, la mayor parte de las veces como respuesta como sentimientos de protección de los sobrevivientes, fueron recursos básicos que las poblaciones afectadas utilizaron para enfrentar la situación.

Para nosotros fue algo muy lindo y algo muy triste, algunos familiares y amistades, como que teníamos lepra, nos evitaban en la calle. Y algunos, que se exponían en el estado de sitio, el estado marcial, todos esos estados, y nos visitaban, aún de noche, exponiendo su vida. Personas que nos ofrecían casas para escondernos. Nunca nos escondimos, porque nunca teníamos por qué escondernos, nosotros no teníamos nada que no fuera dentro de la ley y de una vida común, como todo ser humano, como todo guatemalteco limpio y sincero. Caso 5444, (Profesor universitario asesinado) Guatemala, 1979.

Huir para defender la vida.

Se trata de un afrontamiento colectivo o comunitario de huida colectiva, relacionado sobre todo a la experiencia del exilio y desplazamiento a la montaña (asociaba el desplazamiento, el retorno y la reconstrucción de los lazos familiares, ver apartado 2 sobre desplazamiento, más adelante).

En los testimonios recogidos, aparecian dos grandes patrones:

a) Desplazamiento colectivo y comunitario, en general de larga duración hacia lugares que no estuvieran bajo el control del Estado.

b) Desplazamiento reactivo familiar, a otra comunidad y temporal.

Defensa de la comunidad

Caracterizada por la precaución y vigilancia junto a la organización comunitaria y asociada al desplazamiento colectivo al exilio y la montaña. Es una dimensión de afrontamiento instrumental colectivo (ver apartado 2 sobre el desplazamiento en CPR, montaña y exilio).

Resistencia en situaciones límite.

Esta dimensión es más individual y supone una forma de adaptarse a las situaciones estresantes y traumáticas (reunía la resistencia en situaciones límite como la tortura o la vida en la montaña, con el hablar y la interpretación de los sueños). Muchas personas refieren haber hablado con otros de su experiencia, como la tortura o la vida en la montaña, buscando así ayuda de otros para denunciar la situación.

Y esta situación dura, en el sentido emocional para mí, incluso para mi señora madre, pues sufrió mucho también, puesto que llevaban muchos años de matrimonio, y pues yo aprovecho esta oportunidad, ya que se presenta, de dar un testimonio para que quede plasmado, tanto en una grabación como en documentos para que este caso no quede aislado, sino que se una a muchos más que como todo el mundo sabe han existido en este país. Caso 0046, Santa Bárbara, Suchitepéquez, 1981.

También la interpretación de los sueños ha formado parte del conjunto de recursos culturales con los que la gente ha tratado de enfrentar la violencia. En el caso de la cultura maya, los sueños tienen una interpretación cultural en relación con la vida actual o pasada de la persona, la orientación de su conducta hacia el futuro y la comunicación con los ancestros. Los sueños se comparten frecuentemente en la familia y se buscan interpretaciones por parte de los ancianos y sacerdotes mayas. En casos de situaciones límite como la tortura, los sobrevivientes describen sueños que tuvieron en general un significado positivo, y que les ayudaron a estar mentalmente activos y mantener la esperanza.

Entonces..., y cuando entró un señor, un señor alto y un señor blanco y canche con su sombrero, preguntó: ¿Guillermo está aquí? Sí. Ah, bueno. Usted o ustedes tienen que pasar en mi camino en donde yo vaya a pasar, en donde yo ya pasé. Ustedes tienen que seguir en donde yo así lo he seguido. Ahí, informó a ese señor también de que no tenga pena o estés triste en esa cárcel, y él decía que no, contestó que no estoy triste. Ah, no tenga pena, no tenga pena porque tu mujer ayer venía, tu familia aquí en Cobán ayer vinieron. Yo estaba con ellos, guiándoles a ellos también, a ellas, yo estoy viviendo tanto como tu. Tú no te preocupes, siéntete alegre y yo estoy contigo, yo estoy a ayudarte y tu mujer también. No tengas pena por tu familia, yo estoy con ellas y contigo. Además, yo estoy presenciando todo lo que están haciendo, como lo capturaron. Y él le puso la mano en su cabeza de él, del señor. Caso 1155, Ixcán, Quiché, 1981.

Tratar de cambiar la realidad.

Otros testimonios refieren el compromiso sociopolítico y a la reinterpretación positiva de lo ocurrido, es decir, las formas de comprometerse para tratar de cambiar la realidad, como una manera de enfrentar la violencia. Sin embargo, los intentos de organización de las personas y comunidades afectadas por la represión no han tenido un camino fácil. En toda su historia han enfrentado secuestros y amenazas que trataban de frenar sus acciones.

Después, ya pasados los meses, surgió una organización de derechos humanos. Inmediatamente me fui a apuntar y comencé una lucha bastante fuerte, porque mi esperanza era que apareciera con vida, para quitarse uno esa incertidumbre. Bueno pues si preso está uno sabe que allí está y aunque le den cien años de cárcel uno tiene la esperanza que los va ver. Pero desgraciadamente no fue así, iniciamos esa lucha bastante, bastante dura, yo creo que eso también ha hecho que la conciencia que uno tiene se fortalezca más, porque ya no es la lucha por mi familiar que en mi caso pues son seis personas, sino la lucha por todos los desaparecidos que hay en Guatemala, por todos los secuestrados, porque uno se da cuenta que no es sólo uno, en el momento del secuestro uno piensa que sólo uno es, verdad. A veces uno blasfema contra Dios: si estoy luchando por una sociedad mejor, ¿por qué nuestro Señor permite que estas cosas pasen? Caso 5449, Guatemala, 1984.

Como en la historia del Pop Wuj cuando los jóvenes Jun Ajpu y Wuqub' Ajpu, que fueron burlados, torturados, asesinados y sepultados entre risas por los señores de Xibalbá, que les habían dicho a sus víctimas: "ahora moriréis. Seréis destruidos, os haremos pedazos y aquí quedará vuestra memoria". Sin embargo, la calavera de uno de ellos estaba disfrazada entre las frutas de un árbol sabroso cuando se acercó la joven Ixquic. Al extender ésta su mano, la calavera le lanzó un chisguete de saliva, y le dijo: "En mi saliva y en mi baba te he dado mi descendencia...", y la joven queda embarazada17 (Poop Wuj, Segunda Parte, cap. 2 y 3).

2. La experiencia de los desplazados

Carácter masivo del desplazamiento

Estimaciones sobre desplazamiento en Guatemala

- un millón de desplazados internos;

- 400,000 exiliados a México, Belice, Honduras, Costa Rica, EEUU;

- 45,000 refugiados legales en México, la mayor parte en nuevas comunidades en campamentos;

- 150,000 ilegales en México y unos 200 mil en EEUU;

- 20,000 personas se organizaron en las CPR, otras 20,000 pudieron vivir desplazadas en la montaña durante varios años;

- en ciertas zonas del altiplano más golpeadas por la política de tierra arrasada, en algunos momentos se produjo un desplazamiento de hasta el 80% de la población.

El desplazamiento ha sido un elemento central de la experiencia que han sufrido las poblaciones afectadas por la violencia. Si bien ha sido un fenómeno constante a lo largo del conflicto, adquirió dimensiones masivas al principio de la década de los 80. Durante la década 60/70, el desplazamiento tuvo un carácter más individual. Posteriormente, el desplazamiento de la población no fue sólo una consecuencia de la violencia sino que se convirtió en un objetivo de la política contrainsurgente, especialmente en las zonas de grave conflicto social con presencia o influencia de la guerrilla. Pero también el desplazamiento es un mecanismo que distintas poblaciones utilizaron para defender la vida.

Entonces en ese tiempo me retiré y fui a dar un tiempo en México. Anduve en México como diez años solito, sin tener esposa, solo así andaba. Juntaba mi dinero y trabajaba en otros lugares, llegué a Tuxtla, llegué ahí por donde le dicen Puebla. Entonces, cuando fue la masacre del 81 y 82, en ese momento llegaron todos los hermanos guatemaltecos a refugiarse en México. Entonces llegué a saber, volví a entrar con mi gente, la encontré en México. Caso 0783 (Secuestro y tortura por los soldados), San Juan Ixcán, Quiché, 1975.

Ya fuera familiar o comunitario, en la mayor parte de los casos recogidos por REMHI el desplazamiento tuvo un carácter colectivo. En las áreas del Norte de Quiché, San Marcos, Chimaltenango, Alta Verapaz, Baja Verapaz y Huehuetenango, el desplazamiento adquirió una dimensión masiva, produciéndose auténticos éxodos de la población.

Toda la gente espantada se salió, y yo también y nos fuimos a quedar en un lugar llamado Xolghuitz. Después nos fuimos a Tajumulco. Estuvimos cinco meses ahí. Después regresé a Carrizales, también hubo violencia donde estoy ahorita. Toda la gente que vivió ahí se fueron para México, y ahí están todavía. Vendieron su terreno y no tienen tierra. Caso 8565, Masacre Aldea Montecristo, Tajumulco, San Marcos, 1980.

Sin embargo, cuando la amenaza recayó exclusivamente en una persona, y su familia tenía suficiente apoyo social y condiciones de seguridad mínimas, el desplazamiento fue individual. Sin embargo, en muchos de esos casos al desplazamiento individual le siguió posteriormente el de la familia, en un intento de reconstruir los lazos. Este tipo de desplazamiento se dio en gran medida en el área urbana.

No sé qué hice, pero le dije que tratara mejor de huir, si podía, por una ventana que estaba cerca de la calle y él, pues me hizo caso y salió así rápido. Abrió la ventana y saltó. Al saltar por la ventana le gritó uno que estaba ahí que se quedara quieto, e hizo ruido el arma como que quiso disparar, pero no le dio fuego y él pudo huir. Cruzó la calle en zig zag y huyó, se metió dentro de las casas vecinas y cayó a la orilla del río. Huyó para allá. Yo me quedé ahí con mis hijos, ¡ay, me da mucha tristeza! yo estaba decidida, que lo que me pasara pues que fuera, pero él había ya salvado su vida. Caso 5042 (Intento de secuestro del esposo) Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla, 1984.

La dinámica del desplazamiento: el recorrido de la huida

1. Ya no se podía vivir.

En los momentos previos a los grandes movimientos de población, las condiciones de vida en las áreas rurales fueron sufriendo un empeoramiento paulatino como consecuencia del clima de miedo y el impacto de la militarización. Aunque la mayor parte de las veces la violencia fue la causa directa de la salida, otros factores como la movilidad restringida, el aislamiento de las comunidades y la desestructuración de la vida cotidiana, han constituido una parte importante de la experiencia que se recoge en los testimonios.

En ese tiempo existían los secuestros de jóvenes para el cuartel, los comisionados militares apoyaban al Ejército para la captura. Corríamos ese riesgo, no existía libertad de salir a pasear a los mercados porque en cualquier momento cerraban los mercados y empezaban a agarrar, o en los bailes, ya era muy difícil para uno salir a pasear. Caso 2267, Aldea Nojoya, Nentón, Huehuetenango, 1980.

El haber sufrido directamente los hechos de violencia, y el clima de terror imperante, llevó al desplazamiento masivo de población en algunas áreas del país. El conocimiento de lo que estaba sucediendo en comunidades cercanas, la presencia militar, los secuestros y asesinatos, o en algunas ocasiones las actuaciones de la guerrilla, suponen un contexto habitual en las descripciones del origen del desplazamiento en los testimonios.

2. La urgencia de salir.

En las comunidades que sufrieron masacres, la decisión de la huida fue en muchos casos abrupta y en un contexto de peligrosidad extrema. Muchas familias apenas pudieron llevarse algunos enseres en su huida, y la mayor parte lo perdieron todo.

En otros casos, la conciencia de peligro inminente ayudó a muchas personas a salvar la vida. Otras poblaciones se quedaron al no sentirse hostigadas o pensar que el Ejército no les haría nada. La resistencia a dejar su casa o a creer en las informaciones que llegaban de otros lugares, hizo que algunas familias o comunidades no se desplazaran, perdiendo muchos de ellos la vida. La huida durante unos días o los desplazamientos temporales fueron también intentos de enfrentar el peligro sin dejar su tierra. Esa experiencia es común a muchos procesos de desplazamiento posteriores a la ciudad, a la montaña o al exilio.

Nos costó salir de ahí porque era nuestro lugar, donde hemos nacido, donde hemos estado, hemos crecido. No hubiéramos querido salir de ese lugar. Los soldados venían muy seguido, cada día, cuando vimos así, ya se estaba poniendo más grave la situación. Cuando veíamos que venían los soldados, lo que mejor hacíamos nosotros era salir de nuestras casas, ir al monte, ir a los barrancos, ir a los ríos, para que no nos vean, para que no nos maten. Ahí pasamos hasta noches enteras, dormimos, 2 ó 3 días aguantando frío, hambre, junto con nuestras esposas, hijos, junto con nuestros ancianos, que hemos aguantado lo más duro de nuestra vida, sin casas, sin ropa. Caso 5106 (Asesinato del hermano) Panzós, Alta Verapaz, 1980.

El tener que huir fue sentido por muchas personas como una injusticia. Las familias se encontraron ante el dilema de huir para defender la vida, y a la vez pensar que si lo hacían el Ejército les señalaría efectivamente como parte de la guerrilla. Eso confrontó a las familias y comunidades con una paradoja en la que cualquier decisión que tomaran suponía una amenaza para su vida.

Sólo en una pequeña parte de los casos recogidos la decisión estuvo precedida de una evaluación más pausada de las condiciones de amenaza, la búsqueda de lugar seguro y planificación de la huida. Las amenazas y asesinatos selectivos de líderes sindicales o populares durante buena parte de las décadas de los 60 y 70, y posteriormente desde mitad de los 80 y 90, produjeron el desplazamiento de personas pertenecientes a sectores profesionales, estudiantiles, sindicales, fundamentalmente hacia el exilio. Hasta hace pocos años, las embajadas de algunos países jugaron un papel importante en ofrecer protección durante la salida del país.

Estaban en la casa parroquial sesionando los grupos de obras públicas, salud pública que tenía problema en el Hospital y habían formado una comisión. En eso llegan y les dicen que si no salían los iban a matar. Salieron todos y justo estaban unas personas en unos carros esperándolos. Alguien sacó a Dolores, sin ropa y sin nada a asilarse a una embajada. Hasta la fecha creo que está en Canadá. Caso 6522 (Persecución de varios líderes) Escuiltla, 1982.

En el área rural las informaciones sobre lo que estaba ocurriendo hicieron que mucha gente huyera. La necesidad de información sobre lo que estaba sucediendo era un requerimiento básico para poder tomar decisiones y salvar la vida en una situación en la que la difusión de rumores fue frecuente por las condiciones de tensión, aislamiento e incertidumbre sobre el futuro. En otros casos, fue la guerrilla la que orientó a la gente para que se desplazara a otros lugares o se fueran con ellos a la montaña. Sin embargo, en casos más selectivos incluso algunos soldados o miembros de las PAC avisaron a la gente de lo que se estaba preparando o les animaron a ponerse a salvo.

Porque dentro del Ejército, a veces también hay algunos de los soldados que no querían matar a la gente, entonces les pasaban las informaciones a las personas y llegaron a saber que ellos ya tenían los nombres de la gente. Entonces, lo que hizo esta gente fue salirse. Caso 0977 (Amenazas y asesinato) Santa María Tzejá, Ixcán, Quiché, 1981-82.

3. Las condiciones de la huida.

Durante la huida, el peligro del trayecto y la separación familiar constituyeron los problemas más importantes. La mayor parte de las poblaciones desplazadas sumaron a las graves pérdidas sufridas, una huida en condiciones de extrema dificultad y peligrosidad.

Poco a poco nos alejamos más de nuestra comunidad, hasta que un día pasaron con nosotros dos hombres de la comunidad La Victoria, que querían que fuéramos con ellos hasta México. Al fin, nos decidimos ir con ellos, pero en el camino nos encontramos un grupo de soldados. Así fue que nos separamos con mi esposo, y me llevaron hasta el Destacamento de Cotzal, donde me detuvieron durante dos meses. Luego me dejaron venir a Uspantán, cuando encontré a mi esposo, ya sin mis hijos. Caso 4409, El Caracol, Uspantán, Quiché, 1981.

La precariedad de las condiciones de la huida es descrita en muchos testimonios como un recuerdo muy relevante, incluyendo la ausencia de alimento, la falta de abrigo, la huida de noche, y evitando cualquier contacto con otras poblaciones que pudiera ponerles en peligro.

Entonces yo apagué la luz y salimos. Que si más me iba a desbarrancar con mis hijos, porque hay un barranco por allí abajo. Salimos de allí y nos fuimos a las cureñas, hasta allá llegué yo cargando a mis siete hijos. Allí me estuve quince días, de ahí bajé al Zapote. Caso 5304, Aldea Xibac, Salamá, Baja Verapaz, 1982.

4. Buscando el apoyo social.

Las familias afectadas se desplazaron hacia otros lugares en los que buscaban un mayor nivel de seguridad y donde podían contar con algún tipo de apoyo social. Las relaciones familiares fueron una fuente de solidaridad importante para acoger a la gente, en un proceso que muchas veces fue en etapas incluyendo diversos asentamientos provisionales.

Cuando el Ejército estaba destacado aquí en el pueblo de Nentón, dieron una orden para que el pueblo desocupara su casa y nos trasladamos, algunos se fueron para Guatemala, otros se fueron, los que tenían familiares en Mazatenango, en Huehuetenango y otros que no teníamos familiares nos fuimos a hospedar en Cajomá Grande, allí nos quedamos un mes… De ahí ya no podíamos más, mejor nos fuimos a trabajar al otro lado, a la frontera de Guatemala-México, a ganarnos la vida por miedo a la muerte que nos ocasionaban las dos bandas, porque teníamos miedo de que el Ejército nos podía matar. Caso 2300, Nentón, Huehuetenango, 1982.

El motivo de este desplazamiento en etapas fue la persecución a que fue sometida una parte importante de la población civil por parte del Ejército y las PAC durante los primeros años 80. Eso supuso en muchos momentos un nuevo desplazamiento de las familias afectadas y de las comunidades de acogida.

Son como 500 personas, y llegaron a un lugar que tengo yo, donde tengo cafetal. Ay Dios, yo llego bravo directamente, porque no quiero ver más gente en mi siembra. Pero llegué allí, pobre, mucha gente. Yo llego bravo, pero después que miré los primeros me dio lástima. Dios mío, qué les pasó señores, les dije yo. Pues mire señor, éste es patojo, hay como tres o cuatro personas que ya están engusanadas, la cabeza, la rodilla, los brazos. ¡Ay, Dios!. Ya no pensé yo de regañarlos, pensé en curarlos… Entonces empezaron a amenazar a la gente aquí. Entonces quemaron toda la cooperativa y el motor de nixtamal. Bueno, pues, se fueron las gentes, se fueron de las viviendas y aquí nos corrieron los soldados. Caso 3624 (Desplazamiento guiado por la guerrilla), El Desengaño, Uspantán, Quiché, 1981.

5. Los primeros asentamientos.

Posteriormente, las experiencias se diversifican más, en función de las condiciones que los desplazados fueron encontrando. La recepción y la acogida fueron muy distintas, según el lugar y el tipo de desplazamiento individual o colectivo.

Entonces ya estábamos en Las Palmas cuando llegó una noticia que ya estaban matando gente los soldados en San Francisco, dijeron, entonces antes que ellos llegaran nos vamos, entonces salimos otra vez de las Palmas. Entonces ya entramos en México, cruzamos la frontera, llegamos a un lugar que se llama Ciscao aquí en la frontera, allí estábamos sentados trabajando con los mexicanos, pero tristes no tenemos nada familiar, no tenemos nada, ni chamarras. Entonces empezamos a explicar con los mexicanos: ‘Nosotros somos pobres, mataron a nuestra familia, mataron todo, nuestras mujeres, ¿ahora qué vamos hacer?’. Como los mexicanos son conscientes, entonces ellos nos dijeron: ‘No, miren compañeros nosotros somos hijos de Dios, los vamos apoyar, no tengan pena, aquí los vamos a ayudar’. Entonces ellos nos apoyaron con un poquito de ropa, un poco de dinero. Caso 6070, Petanac, Huehuetenango, 1982.

En otros casos, la solidaridad de otras comunidades o el apoyo de familiares ayudó a las personas afectadas a enfrentar mejor la situación. Sin embargo, decenas de miles de personas se vieron obligadas a huir por las montañas en condiciones extremas. En esa situación, el mutuo reconocimiento y apoyo entre los propios desplazados, sirvió para desarrollar formas de supervivencia y de huida colectiva en situaciones mucho más difíciles.

6. Reconstruir la cotidianeidad.

Además de las experiencias vividas, los desplazados tuvieron que tratar de reconstruir su cotidianeidad en un nuevo lugar, a menudo bajo condiciones de presión política y miedo. Además tuvieron que obtener recursos económicos, trabajo y tierra en el caso de las poblaciones campesinas. Esa reconstrucción, aunque en medio de condiciones muy precarias la mayor parte de las veces, ayudó a mejorar su situación.

7. La nueva identidad.

Otras poblaciones terminaron asentándose de manera definitiva, después de los intentos de reconstruir su vida en distintos lugares. Con el tiempo –su mayor identificación o no con la comunidad de acogida, el tipo de convivencia etc.–, el desplazamiento también produjo cambios, no sólo en el modo de vida sino en la identidad.

Muchas personas pueden tener sentimientos de pérdida de su identidad de origen por no seguir viviendo en su comunidad (¡ya no soy Nebaj!). Otros en cambio han adquirido una nueva identidad a partir de su positiva experiencia con la comunidad de acogida o con el proceso en que se vieron envueltos. La identidad de refugiado o retornado, o CPR, es ejemplo de cómo un determinado proceso político puede marcar la vida de la gente. En el caso de los desplazados internos dispersos en la ciudad, en los que se dieron mecanismos de preservación como el ocultamiento de la identidad, y una falta de una identidad colectiva en las comunidades de acogida, puede suponer un cuestionamiento mayor.

A pesar de que en algunas ocasiones esas nuevas identidades se han usado políticamente como un estigma, para generar división y conflicto entre comunidades, constituyen en general un referente común que para la gente puede tener mucho sentido. Otras personas desarrollaron una identidad múltiple que pudo integrar algunos aspectos de la del lugar de origen y del de acogida.

El refugio en el exilio

Uno de cada cinco testimonios que describe desplazamiento se refiere al exilio. Según los datos existentes, entre 125,000 y medio millón de personas tuvieron que refugiarse en otros países, especialmente en México, para defender su vida de la persecución del Ejército y grupos paramilitares. Lo que en principio parecía una huida momentánea, se convirtió en una experiencia de larga duración, con una reorganización total de la vida especialmente en los campamentos de refugiados, una reestructuración social de experiencias comunitarias y la aparición de nuevos problemas familiares y culturales. El refugio supuso para mucha gente una experiencia de vivir con el pasado siempre presente.

Así es que mi mamá dijo que teníamos que salir a la frontera de México. Salió mucha gente, los que no salieron eran los que estaban de parte del Ejército. Nosotros como estábamos de parte de la guerrilla sí salimos. Así es que salimos a la frontera como a las 4 ó 6 de la tarde, dejamos todo: pollo, cochinos y la milpa con elotes, todo se quedó tirado, ni una cosa trajimos, perdimos todo. Teníamos mucho miedo, mi mamá temblando. Caso 8391, San Miguel Acatán, Huehuetenango, 1982.

Para mucha gente, la huida a México fue el último recurso después de intentarlo todo. En el caso del área de las cooperativas de Ixcán, el no querer dejar su tierra parece haber sido el motivo fundamental de la resistencia a salir de la mayor parte de la gente.

En el 82 el Ejército empezó a matar gente en muchos lugares. En febrero pasaba mucha gente huyendo para México. Nos dijeron que el Ejército estaba matando en Xalbal y Santo Tomás, pero nos quedamos. En abril el Ejército llegó cerca de la frontera, la gente nos avisó, pero nos quedamos, sólo nos preparamos. En junio el Ejército dejó el destacamento de Los Angeles y se retiraron a Playa Grande, pero en junio regresaron a los Angeles para matar gente y la gente salió de allí. Ya no teníamos maíz y no podíamos aguantar más, así que tomamos el acuerdo de ir a refugiarnos a México. Allí sufrimos hambre y enfermedades. Yo estuve enfermo dos años, no podía trabajar, mi familia sufrió mucho. Estuvimos diez años en Chiapas. Caso 0472, Ixtahuacán Chiquito, Ixcán, Quiché, 1981-1982.

Muchas familias se dividieron ya fuera por desacuerdos sobre la decisión a tomar o por estrategia de supervivencia al intentar tener distintas bases que pudieran más adelante ayudarles.

Esos, los que vinieron para acá y que se marcharon para México. Y otras se fueron con marido, otras que no. Yo no quise ir a México, me quedé aquí. Los que quedaron sus mujeres y aquí sufrieron también, porque sus hijos están muriéndose poco a poco. Caso 7392 (Masacre y vida en la montaña) CPR Petén, 1982-90.

En los campamentos se concentró una parte considerable de la población refugiada y se desarrollaron la mayor parte de las acciones de ayuda humanitaria. Eso proporcionó un espacio colectivo propio para reconstruir la cotidianeidad y organizarse, pero también mayor control por el régimen cerrado de vida y las decisiones gubernamentales. En 1984, el traslado forzado de Chiapas a Quintana Roo y Campeche de una parte importante de la población refugiada se enfrentó con la resistencia de la gente y motivó incluso que algunas familias regresaran a Guatemala o se dispersaran por México.

Cuando llegaron a quemar las casitas de los refugiados, la gente decía: ¿qué diferencia hay entre morirse en México o morirse en Guatemala? Morir en Guatemala era morirse defendiendo su propia tierra, morirse en México era morirse comiendo mierda. En ese momento la CPR del Ixcán crece, con cantidad de gente que prefirió volver a una resistencia estructurada, porque en ese momento ya las CPR estaban muy estructuradas, muy organizadas. Informante Clave 9, Ixcán, Quiché, s.f.

Pero más allá de las reacciones gubernamentales a su presencia, en los testimonios se recogen muchas referencias a la solidaridad mostrada por las poblaciones de acogida. En los primeros momentos el apoyo por parte de las comunidades mexicanas incluyó ayuda material, alimentación, o incluso acogida en sus casas, ayuda para ocultarse y no ser detectados por las autoridades o defenderse de las incursiones militares. En la memoria colectiva del refugio están muy presentes la ayuda de esas comunidades y la de algunas instituciones como la Iglesia de Chiapas.

Y nadie me ayuda a mí, sólo la mujer del mejicano, ésa sí es buena gente. Caso 9164, Masacre de Cuarto Pueblo, Ixcán, Quiché, 1991

Estuvimos tres años allá, muy contentos, muy felices allá, porque los niños les dieron beca, empezaron a estudiar, en ese tiempecito fue, y él, pues, le dieron una granja de marranos, ya casi en DF, cerca de Puebla, hasta ahí nos fueron a dejar, padre, pero nosotros felices, lo que queríamos era estar juntos. Caso 5042, Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla, 1984

Sin embargo, el tener acceso a la protección internacional y la ayuda humanitaria, y haber pasado la experiencia más extrema, no implica necesariamente la superación de los problemas. Los principales factores que contribuyeron al malestar de los refugiados se referían a las experiencias de represión vividas, la separación de la familia y los acontecimientos negativos en el refugio como el régimen de vida, los traslados y las dificultades de trabajo. Además, el mantenimiento de las expectativas de retorno y la ausencia de cambios en las condiciones políticas del país que lo hicieran posible, supusieron también una situación de incertidumbre permanente sobre el futuro. Esto hizo que algunas personas fueran tomando, aunque de forma minoritaria, la decisión de volver, especialmente a partir de las expectativas creadas por los gobiernos civiles.

Con el paso del tiempo, surgieron conflictos generacionales en las propias familias. Las experiencias de los jóvenes de trabajar fuera y sus expectativas ambivalentes respecto a la integración en México, o la vuelta a un país desconocido y percibido como peligroso como Guatemala. Estos conflictos, si bien formaron parte de las relaciones cotidianas de las familias y comunidades, se reavivaron en el caso de la decisión de volver. Por ello, la experiencia del retorno ha supuesto, para algunas familias, nuevas separaciones y problemas de reintegración debido a las dificultades económicas, a las expectativas negativas de algunas comunidades cercanas y al choque cultural especialmente en los jóvenes.

La montaña: de la huida a la resistencia

El Ejército causó el terror y la represión en todo el área. Muchos o casi todos salieron de la aldea para refugiarse en la montaña. Estuvieron muchos meses resistiendo, de un lado a otro con la maletita lista para cualquier emergencia del Ejército, pues cuando llega el aviso todos salen. Al final no aguantaron y se rindieron. Les llevaron a la finca Las Trojas en San Juan Sacatepéquez, al otro lado del río, en las montañas enfrente de nuestra aldea. Por último fueron regresando a sus aldeas. Caso 1068 (Asesinato de dos familiares), San Martín Jilotepeque, Chimaltenango, 1982.

Muchas de las personas que dieron su testimonio a REMHI tuvieron que huir a la montaña. Aunque mayoritariamente se refieren a áreas como Norte del Quiché, Alta Verapaz y Huehuetenango, también en determinados momentos se dieron movimientos de refugio en la montaña en áreas de Izabal, Chimaltenango y Petén. La mayor parte de las ocasiones, la huida a la montaña constituyó un último refugio para defender la vida en un territorio inhóspito y de difícil acceso.

En algunos casos, la huida en la montaña tuvo entonces un carácter reactivo a la amenaza y duró solamente unos días, hasta que la gente pudo regresar a sus casas o desplazarse a otros lugares en mejores condiciones de seguridad. Sin embargo, la mayor parte de las ocasiones tuvo una duración de meses o incluso años y se convirtió en una condición crónica de extrema precariedad, hambre y persecución permanente.

En esas comunidades, ya fuera como una práctica preventiva para evitar ser localizados, o por el peligro directo de las incursiones militares, las condiciones de vida estuvieron marcadas por la provisionalidad, la alerta y la organización para la huida.

Murió después de la masacre de Cuarto Pueblo, porque nos salimos ya en la montaña. Ella estaba bien, pero cuando fue la masacre se enfermó en la montaña, porque ya no es igual cuando estamos en la casa y ya no hay donde conseguir medicina. Una persona me dijo: ‘hay que curar a tu mujer’ y me mostró una planta medicinal. Estoy empezando a curar mi mujer cuando vinieron los soldados y yo a mi mujer la saqué cargando. Caso 0456, Cuarto Pueblo, Ixcán, Quiché, 1983.

La adaptación de la vida a las condiciones extremas también hizo que la gente probara muchos tipos de plantas para ver si no eran venenosas, o comiera animales de la montaña no considerados apropiados para ello.

Durante cinco o seis meses sin probar tortilla, estábamos muriéndonos de hambre, y debido a eso empezamos a comer un montón de cosas que encontrábamos en el camino, a veces un poco de agua, a veces un banano era lo que comíamos, y a veces eso dio origen a que compañeros empezaran a matar animales, por ejemplo comían culebras, comían ratones, comían otros animales, hasta incluso llegamos a comer caballo. ¿Por qué nuestra gente tuvo que pasar y comer cosas, que podíamos decir indignas? Pero por el mismo conflicto, el enfrentamiento armado que está en medio. Caso 2052, Chamá, Alta Verapaz, 1982.

Muchas de las comunidades que vivieron en condiciones de resistencia en la montaña, no sólo no tenían experiencia previa de ello, algunas incluso se conocieron en medio del peligro de la huida. El reconocimiento mutuo y el apoyo entre todos para enfrentar el peligro y sus necesidades comunes, condujeron a la formación de grupos y nuevas comunidades que en algunos casos se han mantenido hasta hoy en día.

La experiencia de las Comunidades de Población en Resistencia (CPR) en la montaña.

Desde finales del 82, una parte de los desplazados a la montaña empezó a organizar nuevas comunidades, constituyendo a partir de 1984 las CPR en Ixcán y área Ixil (y posteriormente en Petén). Las condiciones de difícil acceso y la presencia de la guerrilla en esas zonas, hicieron posible mantener experiencias comunitarias aún en condiciones límite de persecución, que sin embargo no lograron otras comunidades que se encontraban en condiciones parecidas, por ejemplo en las montañas de Alta Verapaz.

Teníamos libretas donde llevábamos todo el control: qué día atacaban una comunidad, cuántos morían o quedaban heridos. Llevábamos un control pero con la lluvia, ni nailon teníamos con qué defendernos… se fueron destruyendo poco a poco nuestros papeles y no queríamos que nos encontraran algún listado cuando fuimos allá con la patrulla del Rosario, no queríamos que nos encontraran ningún listado con informes porque si no, nos mataban. Informante Clave 33, Sahakok, Alta Verapaz.

En el caso de la CPR –a pesar de que en algunos momentos hubiera orientaciones de la guerrilla para que la gente no se refugiara y se quedara en las montañas para tratar de tener su apoyo–, la defensa de la tierra parece haber sido el motivo fundamental para la resistencia de la población. A esto hay que añadir otros factores como las dificultades de huir a otros lugares sin ser capturados, las convicciones políticas, las relaciones con familiares incorporados a la guerrilla, y la defensa que en muchas ocasiones supuso para la población civil la existencia de la guerrilla para frenar los ataques del Ejército18.

Esos son los grupos de gente que nunca salió al refugio, y empiezan a ser el germen de la resistencia. Gente que defiende, se quedan a defender su tierra porque tienen la firme voluntad de morirse antes de abandonar su tierra. Y, de parcela en parcela, porque todo era parcela, todo el tiempo se movían ahí. Estos grupos sí sintieron el respaldo, la presencia, la compañía de la guerrilla, lo que sí tenía un efecto porque el Ejército no podía actuar con la misma impunidad contra la comunidad donde no iba a haber un solo tiro, que contra comunidades donde sí había armas en manos de la guerrilla. Informante Clave 9, Ixcán, Quiché.

La proximidad física y la colaboración no implicaban que la población estuviera a las órdenes de la guerrilla, ni organizada con ella. Las relaciones más fuertes se dieron en la vigilancia y la defensa que fueron los aspectos más vitales para la sobrevivencia.

La CPR es comunidad civil, no es armada. Eso hay que distinguir: cuando es civil, es civil, y cuando es guerrillero, es guerrillero. No es cierto que la comunidad es guerrillera. Y no sólo yo, sino que mucha gente han llegado a ver las comunidades, periodistas, es una zona dentro de la montaña, en conflicto, sí, es cierto, no negamos, ahí está la guerrilla, pero nosotros somos civiles. Informante Clave 14, Ixcán, Quiché, s.f.

No hay datos concretos del número de familias que vivieron en las CPR, aunque parecen haber sido entre quince y veinte mil personas. Sin embargo, en distintos momentos este número fue fluctuando, en función tanto de factores externos como internos. Por ejemplo, en el caso del Ixcán, la proximidad de la frontera supuso un paso de gente entre el refugio y la CPR durante buena parte del tiempo. En otros momentos, la dificultad de seguir viviendo en condiciones de resistencia extremas después de varios años, hizo que algunas familias buscaran la forma de reintegrarse en comunidades que tuvieran condiciones para la acogida.

La vida cotidiana en la CPR estuvo caracterizada por la presencia de medidas de seguridad en todas las actividades, la adecuación a las limitaciones en un contexto de precariedad e inestabilidad extrema, y la necesidad de apoyarse mutuamente para enfrentar el miedo y la muerte.

Esto dilató 14 años, y nace la organización y ya con el apoyo de los refugiados en México, poco a poco conseguimos algunos pollos y semillas, pero sólo de noche se puede cocinar para que no nos descubran por el humo. Cuando hay luna, no se puede juntar fuego. Una vez la gente ya se desesperó y juntó fuego en el día. Allí llegó el helicóptero a bombardear, pero nos fuimos a meter en nuestros refugios y ninguno se murió. Caso 0928, Ixcán, Quiché, s.f.

Dentro de las necesidades básicas, la alimentación fue durante todos esos años una lucha constante. En repetidas ocasiones el Ejército y las patrullas destruyeron las siembras o se llevaron las cosechas para cortar el abastecimiento a la población, a la que consideraban combatiente, y con ello a la guerrilla. La práctica del trabajo colectivo y la distribución interna de la producción, fueron mecanismos básicos de supervivencia, pero con el tiempo se convirtieron en ensayos de nuevas formas de distribución del trabajo y valores comunitarios.

En los primeros años de existencia, la guerrilla proporcionó apoyo a las CPR mediante cursos para organizar los cuidados de salud, educación, autodefensa; pero más tarde fue la propia CPR la que organizó sus estructuras para este tipo de servicios. Con el paso del tiempo, las comunidades tuvieron mayor capacidad de organizarse y defender su espacio de autonomía, contando con el apoyo de la solidaridad internacional y el acompañamiento y apoyo de algunos miembros y estructuras de la Iglesia. Las organización del trabajo, la vigilancia, el abastecimiento, la salud, la educación, la religión, el correo, los desplazamientos, tuvieron características propias de un rico tejido social a pesar de las condiciones de precariedad, los bombardeos y las incursiones militares.

Los procesos de reintegración

Los procesos de reintegración de las personas y comunidades desplazadas han estado muy marcados por la situación política en Guatemala. Los primeros procesos de retorno de poblaciones desplazadas a sus comunidades, se dieron como parte del mismo proceso de represión política que sufrieron. Las duras condiciones de la vida, el hostigamiento permanente y las ofertas de amnistía, hicieron que ya en el 83 comenzaran los retornos de algunas poblaciones que habían estado escondidas en la montaña. Muchas personas pudieron reintegrarse así a sus comunidades, aunque también otras que se entregaron fueron consideradas como guerrilleras y sufrieron capturas, torturas o incluso la muerte.

Un anciano dijo ‘voy a ir a hablar con ellos y si me matan pues a ver qué pasa conmigo, yo sí voy a ir a ver’, y se fue. Sólo él llego: ‘¿y tus compañeros dónde están?’, le dijo el teniente al señor, ‘pues están por allí porque los están matando y nosotros tenemos miedo a ustedes, porque nos están matando’. ‘Matar nosotros ahorita ya no matamos gente nosotros ahorita buscamos la paz, ahorita vamos a organizar las patrullas. Regrésate y llamas a tus compañeros y venís’, dijo el teniente al señor. ‘Está bien’ dijo el señor y regresó. Y avisó a las demás personas, ‘mejor se van sólo como unos 25 ancianos, y patojos no se van, ni tampoco jóvenes, sólo ancianos se van’, dijeron. Caso 3880, Caserío Choaxán, Quiché, 1982.

Eso hizo que muchas comunidades desconfiaran del gobierno y del Ejército, y buscaran la forma de cambiar su situación de sufrimiento en la montaña. Algunas eligieron representantes que realizaran las gestiones frente al Ejército, otras decidieron protegerse buscando el apoyo de la Iglesia Católica.

Un hermano nuestro en nombre del grupo buscó un camino. Y bajo la persecución atravesaron las barreras hasta que llegamos, y fue la Iglesia la que nos recibió y protegió. En dos oportunidades nos entregamos, llegó a recibirnos el Obispo y nos subimos a un camión, y nos quedamos en el convento, y allí empezó de nuevo nuestra vida, después de aguantar seis años de persecución. Caso 3213, Sachal, Alta Verapaz, 1981.

Las noticias sobre una cierta normalización de la situación y las expectativas levantadas por los gobiernos civiles a partir de 1986, hicieron que se empezaran a dar algunos procesos de repatriación de grupos de refugiados desde México. Al llegar muchos de ellos sufrieron las condiciones de militarización que ya existían en las comunidades de acogida, y en otros casos sus propias experiencias en centros de concentración o aldeas modelo. La respuesta del Ejército a los procesos de retorno estuvo mediatizada por su visión de la población como base social de la guerrilla. Esta consideración fue similar a la que recibieron otros desplazados que se refugiaron en la montaña.

Según un documento confidencial del Ejército en 1987,19 la concientización ideológica marxista-leninista y el grado de odio inyectado en la conciencia de los niños, adolescentes y adultos jóvenes en contra de las fuerzas de seguridad del país, caracterizaba a gran parte de los refugiados en los campamentos de México, por lo que los procesos de repatriación siempre fueron controlados de cerca por las autoridades militares. Este estigma por parte del Ejército ha estado en la base del trato a los repatriados en general, y de muchas de las acciones de control y hostigamiento a comunidades de retornados en el periodo 92-97.

Por parte de los campesinos, que fueron una gran mayoría de los desplazados y refugiados, las motivaciones del retorno han estado ligadas a la recuperación de la tierra. En la actualidad los conflictos comunitarios por la tenencia de la tierra, que forman parte de la experiencia histórica de las comunidades campesinas, están mediatizados además por las consecuencias del desplazamiento, la militarización y las políticas de repoblación llevadas a cabo por el Ejército con fines contrainsurgentes.

Me retorné para recuperar la parcela de mi abuelito. Tengo problemas porque no hay papel, ni Confregua me lo ha conseguido. Pero sigo intentando lograr mi tierra a pesar de los pleitos políticos que hay en las cooperativas de Ixcán Grande. Caso 723, Ixcán, Quiché, 1984.

Para muchos desplazados internos, apenas hay posibilidades de retorno a sus comunidades, ya que los procesos de desmilitarización de las PAC no han implicado siempre una disminución de su poder, y en algunos casos se han agravado los problemas de la propiedad o disponibilidad de la tierra.

Reconstruir los lazos y el apoyo familiar

En los casos de desintegración familiar debida a las muertes o al desplazamiento hacia distintos lugares, las familias afectadas han tratado de tener información sobre el destino de sus familiares, ponerse en contacto o restablecer las relaciones bloqueadas. La mayor parte de las veces las familias no tuvieron información de sus seres queridos durante los periodos de detención, refugio o desplazamiento. Cuando las condiciones de seguridad básicas se fueron restableciendo, los primeros movimientos de la gente han estado orientados a reconstruir los lazos familiares.

En algunos casos en que las personas que se acompañaron no tenían certeza de la muerte de su esposo o esposa, algunas encontraron después de los años a sus antiguas familias, configurando una nueva situación con que las personas afectadas y las familias tienen que aprender a vivir.

Tengo pero ya es con otra mujer ¿no? porque mi mujer que tenía antes se murió, entonces ya al estar solo, nos encontramos con otras gentes, familias donde habían algunas señoras también que se le habían muerto el marido, los habían matado por esas masacres de gente de otras comunidades donde sí pasó la masacre ¿no? Entonces ahí, pues, nos unimos varias gentes. Ya estando ahí pues nos unimos algunos que estábamos solos, ya viudos, con mujeres viudas u hombres viudos ahí. Nos unimos muchas parejas, pero ya en esta vida. Sí algunos pues ya de tanto tiempo de hace 13, 14 años de estar en la montaña, pues ni modo, ya hasta hemos tenido algunos hijos. Yo por el momento tengo dos hijos que han nacido aquí en la montaña. Eso no más podría contarle de mi historia. Caso 7392, CPR Petén, 1990.

En muchas ocasiones, la reconstrucción de esos lazos ha supuesto no sólo el reencuentro familiar sino también una forma de enfrentar juntos la pobreza y las dificultades económicas producidas por la violencia.

Cuando sucedió el hecho, lo que hicimos fue dividirnos, al menos yo que era la mayor, fui a trabajar para darles el sustento diario de mis hermanos, mientras crecían, ya cuando ellos crecieron y se pudieron ganar la vida, pues nos volvimos a unir, aunque sea con dolor, pero volvimos a ser la misma familia unida, hasta el momento estamos enfrentándonos, todos juntos haciendo comentarios porque, la realidad tenemos miedo, teníamos en ese tiempo y tenemos hasta la fecha, porque la verdad es que a cualquiera le hacen daño y todo se queda igual. Caso 6456, Morales, Izabal, 1968.

3. BUSCANDO LA EXPLICACIÓN

¿Qué explicaciones ha dado la gente a la violencia que ha sufrido? Globalmente se puede constatar que predominan las explicaciones de causas concretas y conductas individuales, sobre las más generales. En orden de frecuencia, las explicaciones recogidas en los testimonios son: en primer lugar la acusación por su conducta ("lo mataron porque lo acusaron de colaborar con la guerrilla"),posteriormente, la envidia, la autoatribución a su conducta y no saber explicar lo ocurrido, y el poder y la acción del ejército y las PAC. después vienen las explicaciones más generales, como la acción del gobierno los conflictos entre grupos étnicos y luchas de carácter socioeconómico20. Esas distintas explicaciones tendían a converger en cuatro grandes explicaciones:

Falta de sentido o explicaciones individuales.

Un grupo importante incluía la no explicación o explicación individualizada, es decir que mucha gente refirió no saber por qué y trataron de entenderlo pensando si la persona habría hecho algo que produjera esa violencia. Se trata de personas que se aferraban a una lógica de justicia y proporcionalidad que ya no funcionaba: "Si no he hecho nada, no pueden hacerme nada". Por eso la respuesta "No sé porque sería que sucedió esto" es perfectamente lógica, porque para muchos era imposible saber por qué de pronto tanta violencia sin razón alguna se dirigía en contra de la gente21.

En esos momentos, 81-82, vimos mucha violencia con señores, señoras, niños y ancianos; también quiero preguntar porqué hubo escapadero de estas aldeas, y como salimos, si sólo salimos o es porque la gente era fea, por eso se metieron en problemas, trajeron la muerte y el sufrimiento sobre nosotros y ahora estamos solos, tal vez lo dicen las personas, no lo sé, sólo Dios lo sabe. Caso Salaqwil, 18º declarante, Alta Verapaz.

Conflicto sociopolítico y participación.

Un grupo de explicaciones relacionaba las explicaciones de la represión provocada por el gobierno, los conflictos de tierra y la participación política. La experiencia previa de conflictos sociales locales por la tierra o la represión de la organización comunitaria caracteriza esas explicaciones.

El motivo por el que se llevaron a mi hermano, a mi padre también, como vivíamos en una finca y ahí lo tienen muchos días que no están pagados. Entonces él y otros empezaron a luchar para ver si les pagaban esos días de trabajo que tenían hechos ya con el patrón y también un salario justo sobre el trabajo que tenían que hacer. Y ese fue el problema, que no le gustó al patrón. Pero no fue así, pues los patrones y las demás personas que no estaban de acuerdo, se reunieron y los acusaron de personas malas, comunistas. Por esa razón, llegaron a recoger a mi hermano de la casa, los soldados. Caso 5106, Panzós, Alta Verapaz, 1980.

Explicaciones interpersonales.

Un tercer grupo de explicaciones atribuían la represión a la envidia y a las acusaciones a la víctima. La envidia es un concepto muy frecuente en las sociedades tradicionales. Además, las estrategias militares buscaron dividir y producir enfrentamientos internos, enfrentando a los vecinos con denuncias y señalamientos, o su utilización por parte de algunas personas para ganar ventajas sociales.

Tenía mucho ánimo, tenía mucho cariño, era bien respetado y tenía mucho amor, pero como la gente lo llevaba de envidia no lo querían y por eso fue. Él estaba acusado por la misma gente del pueblo o más bien los enemigos del señor, porque cuando una persona trabaja por el pueblo no es bien vista, no es que lo amen sino que lo envidian. Caso 1316, Parraxtut, Quiché, 1983.

Explicaciones étnico-políticas.

Finalmente, un cuarto factor menos importante es el étnico-político que asociaba las explicaciones por el poder militar (ejército, PAC) y conflicto entre grupos (por ejemplo ladino/indígena). Estas explicaciones son más frecuentes en las masacres que en hechos de violencia individuales. Esta percepción coincide con el hecho de que el ejército fue quien llevó a cabo la política de tierra arrasada y, por tanto, el máximo responsable de las masacres colectivas junto con las fuerzas paramilitares. Las explicaciones de las víctimas y familiares incluyen valoraciones sobre el modo de actuar del ejército ("matan por gusto") que nacen de la experiencia de muertes indiscriminadas con atrocidades.

Todos tenemos derecho de tener vida, como somos guatemaltecos, casi vinieron de otros países para que así nos mate o nos quiera sacar. Nosotros somos guatemaltecos, más bien como decimos pues, nuestra historia maya, somos indígenas, somos guatemaltecos. Sólo porque se entraron los grandes señores, los así como los españoles, para ocupar la tierra aquí en Guatemala. Caso 4017, Las Majadas, Huehuetenango, 1982.

El carácter que tuvo la presencia guerrillera en las comunidades rurales, condiciona también las explicaciones sobre las causas de la violencia que se encuentran en muchos testimonios. A pesar de los sesgos que puedan darse debido al carácter de memorias suprimidas22 para defender su vida en estos años, la mayor parte de los testimonios recoge la llegada de la guerrilla como algo que venía del exterior a la comunidad, y que en algunos casos sintonizaba con las demandas ya existentes, en otros, apoyó procesos de educación y concientización, en otros fue visto como una distorsión y constricción de la dinámica comunitaria.

La organización que tuvimos primero es el CUC. Ahí viene el EGP, nos vino a aconsejar. Otra vez hicimos dos caminos más bien, pero el principio de la lucha es el CUC. Después esa organización nos aconsejó otra vez y ahí es cuando fue la confusión de la gente, ahí fue el problema. Nosotros como indígenas no sabemos ni leer ni escribir. Nos organizamos por el CUC. Pero viene esa otra organización, ahí fue la confusión de nuestros sentimientos. Pero nuestra lucha, la creencia mía yo estoy siguiendo mi lucha como siempre, no lo dejo para siempre. Caso 1311, La Montaña, Parraxtut, Quiché, 1984.

O sea que hay una explicación más tendente hacia lo local que hacia lo general, domina en ellas la experiencia directa que trata de explicar el hecho concreto. Las explicaciones más sociales aparecen en una proporción de uno a cuatro respecto a las basadas en la experiencia directa.

Todo ello muestra que la gente usa parte de sus propios conceptos culturales para dar sentido a lo sucedido y a su experiencia directa de los hechos. Existen muchas variaciones locales –en función del modo en que se desarrolló la violencia en esa zona, los conflictos sociales preexistentes y las consecuencias que ello produjo en la vida de la gente–, tales como la posición de ventaja social para algunos, o las pérdidas económicas y de poder para otros. Este conjunto de factores, más que una explicación de tipo ideológico o religioso de carácter general, está presente en la mayor parte de los testimonios analizados.

Todas estas percepciones deberían ser tenidas en cuenta para que los procesos de memoria colectiva tanto en la interpretación de los hechos como para apoyar a las personas y comunidades a tener una visión más clara de su experiencia.