CAPÍTULO CUARTO

EL GOBIERNO DE RÍOS MONTT

1. Un giro en la historia

El 7 de marzo de 1982 se celebraron elecciones presidenciales en las que el general Aníbal Guevara se proclamó vencedor. Sin embargo, el 23 de marzo, 950 miembros del Ejército llevaron a cabo un golpe de Estado, nombraron un triunvirato presidido por el general Efraín Ríos Montt y formado por el general Horacio Maldonado Schaad (comandante de la Guardia de Honor y próximo al MLN) y el coronel Francisco Luis Gordillo (jefe de las brigadas de Izabal y Quetzaltenango en 1981). La DC y el MLN apoyaron públicamente al nuevo régimen. La causa determinante del golpe de Estado había sido la profunda crisis generada en la alianza de los sectores militar y empresarial que dominó la vida política en los años 70.

El gobierno militar derogó inmediatamente la Constitución y promulgó el Estatuto Fundamental del Gobierno (decreto-ley 24-82), además de cesar a 50 funcionarios civiles acusados de corrupción. El 5 de abril el Estado Mayor Especial del Ejército presentó al Consejo de Ministros el Plan Nacional de Seguridad y Desarrollo (PNSD). El 9 junio el general Ríos Montt separó de sus cargos a los triunviros, y se proclamó Presidente de la República. Ríos Montt se rodeó de una Junta Asesora formada por seis oficiales jóvenes, de los trece que apoyaron el golpe, y promulgó la Ley de Organizaciones Políticas, colocando a los partidos tradicionales en situación de comités pro-formación de partido. Como resultado de esta medida, de 1982 a 1985, se crearon 32 nuevos partidos políticos.

Ya para entonces se había iniciado en el medio rural una serie de masacres de población sospechosa de colaborar con la guerrilla y se iba configurando un marco legal para el nuevo régimen. El 15 de abril se emitió el decreto 9-82 que prohibía la divulgación de noticias referidas a violencia política. El 1 de junio el gobierno militar emitió un decreto de amnistía para delitos políticos. El 16 de junio, por acuerdo gubernativo (31-82), el Presidente dio posesión a 324 alcaldes municipales, recomendados por las zonas militares. El 1 de julio se instauró el estado de sitio (decreto 44-82) y se autorizó la integración a las zonas militares y destacamentos a ex-soldados originarios del lugar. El 15 de septiembre se instaló el Consejo de Estado, como un órgano consultivo donde participaron políticos, tecnócratas y algunas personas públicas nombradas por el gobierno.

2. La nueva contrainsurgencia

Los jóvenes oficiales que apoyaron el golpe de Ríos Montt desplazaron en el Ejército al Alto Mando vinculado con el general Lucas García, a los integrados al Estado Mayor Presidencial y a varios miembros de la comunidad de inteligencia militar conocida como La Cofradía. En marzo de 1983 se reestructuró el EMG mediante el decreto 28-83 constituyéndose como Estado Mayor de la Defensa Nacional (EMDN) con una Inspectoría General, la subjefatura del Estado Mayor y las direcciones de Personal (D-1), Inteligencia (D-2), Operaciones (D-3), Logística (D-4) y Asuntos Civiles (D-5). Estas medidas también desplazaron a las promociones que estaban llegando a las últimas etapas de su carrera militar, creando inquietud sobre su futuro; un elemento que también incidiría en el rápido desgaste del gobierno de Ríos Montt. Sin embargo, este equipo militar fue capaz de aplicar una estrategia antisubversiva integral que combinaba aspectos militares, políticos, psicosociales y antropológicos.

Durante 1982 el Ejército lanzó el Plan de Campaña Victoria 82 contra los frentes guerrilleros del noroccidente y norte del país involucrando a las dos terceras partes de sus efectivos. La ofensiva que se dirigió en particular contra la población civil (en su mayoría campesina-indígena), desarticuló las bases de apoyo social de los rebeldes, provocando decenas de miles de víctimas e inmensos desplazamientos de la población, tal como se documenta en el Tomo II de este Informe. Aunque la fuerza estratégica insurgente no fue en sí severamente golpeada, perdió su base de sustentación y se replegó a los puntos iniciales de implantación.

Posteriormente el Ejército condujo otras ofensivas dirigidas a los restantes frentes guerrilleros, que no tuvieron el mismo éxito, pero que junto con las iniciales significaron el restablecimiento del control y la autoridad estatal en la mayor parte del territorio nacional (Aguilera, 1986). Fue un esfuerzo totalizador, planificado social y geográficamente, orientado a modificar cualitativamente las características que hacen de la montaña el plano estratégico más propicio para la acumulación de fuerzas, tratando de romper el factor principal en el que se asienta la estrategia insurgente (Payeras, 1986).

Las ofensivas se caracterizaron por su brutalidad, buscando la eliminación del enemigo y de sus bases de apoyo. En el Anexo H del Plan de Campaña Victoria 82 el Ejército dice:

Existe subversión, porque un pequeño grupo de personas la apoyaron, y un gran número de personas la toleran, ya sea por temor o porque existen causas que la generan. La guerra se debe combatir en todos los campos... La mente de la población es el principal objetivo.

La estrategia militar propuesta buscaba impedir

El acceso de los subversivos a la población que constituye su base de Apoyo Político Social; rescatar a los individuos de las Fuerzas Irregulares Locales (FIL) neutralizando o eliminando a quienes no se quieran integrar a la vida normal; aniquilar a los Comités Clandestinos Locales (CCL); y eliminar a las Unidades Militares Permanentes (UPM). La táctica se describió así: Engañarlos: la subversión debe combatirse con sus propios métodos y técnicas (siempre debe tenerse en ejecución un plan de desinformación); encontrarlos: el mayor problema siempre fue encontrar a las unidades militares guerrilleras, las que por sus sistemas propios de combatir, permanecen escondidas (utilice inteligencia local y sature el área de patrullas); atacarlos: cuando haya logrado encontrar una fuerza guerrillera, mantenga el contacto a toda costa e informe inmediatamente para que la unidad superior apoye la operación y se logre la aniquilación del enemigo localizado; aniquilarlos: la destrucción de las fuerzas guerrilleras es la misión. El control del terreno es un medio para cumplir esta misión, pero nunca un fin u objetivo final (Ejército de Guatemala, EMG, 1982).

La estrategia reflejada en los planes de campaña, además de las operaciones contrainsurgentes, comprendía otras de impacto en la población tales como:

Uno de los tópicos que el Ejército usaría posteriormente fue la necesidad, en aras de salvaguardar la supervivencia del Estado, de quitar el agua al pez. Pero este discurso se contradijo con las mismas orientaciones tácticas, que consideraban a la población de extensas áreas como parte de los objetivos militares. Así lo refleja el siguiente texto:

Las organizaciones terroristas han basado su estrategia de guerra en el principio de que `el pez es al agua, como la población fue a la guerrilla` (sic). Los delincuentes terroristas enarbolan sus banderas para ofrecer la tierra de los ricos a los pobres, la de los ladinos para los indígenas; aunando a esto la creencia de algunos sacerdotes influenciados por la Teología de la Liberación. La situación fue tal que poblaciones enteras se alzaron en armas y muchas se fueron a las montañas, engañadas, con esperanza de cambios y con la idea de lograr mejores perspectivas de vida al ganar la guerra revolucionaria. El tiempo fue transcurriendo y el involucramiento de la población con la subversión fue de tal grado que ya no pudieron regresar a sus lugares de origen ( Ejército de Guatemala, 1990).

3. Las ofensivas militares1982-83

En el área Ixil

Tal vez la ofensiva de mayor valor estratégico para el Ejército fue la que desencadenó contra el área Ixil, la zona donde en diciembre de 1980 el EGP había constituido su primera columna militar regular (19 de Enero), y donde existían mejores condiciones para que esta organización pudiera declarar un territorio liberado y exigir reconocimiento internacional como parte beligerante en una guerra interna. Apenas percibió el Ejército el alcance estratégico de esta región, reforzó la Zona Militar de Huehuetenango y la Zona Militar de El Quiché, y mantuvo a las unidades militares en una permanente campaña ofensiva.

Pero la masiva adhesión de la población Ixil a la causa guerrillera hacía temer cualquier levantamiento imprevisible. Por tanto el Ejército aprovechó en 1981 la llegada del verano para quemar aldeas alejadas de las cabeceras municipales, y en abril de 1981 comenzó a crear las primeras patrullas civiles en Uspantán, que luego extendería a lo largo de la frontera quiché con la zona Ixil (la barrera natural del Río Negro) y en el área ladina de Huehuetenango (Chiantla y Barillas), con una clara intencionalidad de aprovechar las contradiciones étnicas para sus propósitos contrainsurgentes.

El Ejército -que en 1981 tenía desplegada una Brigada con el puesto de mando en Nebaj, una compañía en Chajul, otra en Cotzal y otra más en Nebaj, además de dos pelotones en las fincas La Perla, dos en La Taña, uno en San Francisco, y otro en La Panchita, los lugares más remotos del área- inició inmediatamente acciones contra aquellas poblaciones que mostraban mayor apoyo a la guerrilla, y de tierra arrasada en las comunidades más próximas a las zonas de refugio de la guerrilla.

De este modo, en septiembre se registraron masacres en Xeucalbitz y Sumal, Nebaj, donde mataron a 35 personas y quemaron todo, decapitando públicamente a Gerónimo Pérez, el primer maestro bilingüe asesinado en Sumal Chiquito. La gente sobreviviente salió caminando para Sumal Grande. Ese mismo mes el Ejército realizó masacres de diez indígenas en Tzalbal, de 20 más en Palop y arrasó la aldea Río Azul. Nuevamente, el 24 octubre de 1981, 60 kaibiles llegaron a Palop y Kekchip y quemaron las casas. La gente se refugió en la montaña.

Precisamente en ese momento, la dirección de la guerrilla atravesaba una profunda crisis:

Grupos de miembros de la DN (Dirección Nacional), que indistintamente convergieron en frentes de la montaña, en ciudades o en el exterior, funcionaron como núcleos autónomos de la DN, sin centralización, sin coordinación, muchas veces sin información entre sí. En febrero de 1982, un núcleo de la Dirección formado por el Comandante en Jefe y los miembros de la dirección de los Frentes Ché Guevara y Ho Chi Minh convocaron una reunión de la DN en la montaña. De junio a septiembre de 1982 el Comandante Benedicto (Mario Payeras) convocó una reunión ampliada de la DN del EGP. El grupo de la DN que estaba en la montaña desconoció esta reunión. Entre los acuerdos que se tomaron en la reunión presidida por Benedicto estaban responsabilizar a Camilo y Milton para trasladar los acuerdos al interior, así como un gran equipo militar destinados a los frentes del norte. Hasta noviembre de 1982 se restablece la dirección del EGP (EGP, 1984).

Por tanto, la mayoría de las acciones que se registraron como respuesta a las ofensivas militares, consistieron en hostigamientos y alguna emboscada, acciones más bien de contención o defensivas, sin que volvieran a repetirse los ambiciosos ataques del año anterior.

Txacal Tzé (Chacalté)
(Una masacre de la guerrilla)

La ejecución

Las instrucciones finales se dieron en Secoch, durante la mañana del 13 de junio de 1982. Al mediodía se levantó la tropa y a través de senderos y con todas las medidas de seguridad avanzaron hasta un área a dos horas de camino de Txacal Tzé. Ahí durmieron. A las tres de la mañana del 14 de junio se dio la orden de levantada. Se hizo la distribución por pelotón y unidades. A las cinco de la mañana ya estaban cercadas todas las vías de acceso a la aldea. Para esas horas todos sabían a lo que iban. La orden era: todos los mayores de diez años deben morir. Se pensaba que había mucho armamento concentrado en la aldea y que hasta los niños tenían armas.

A los primeros disparos la gente fue sorprendida. La guerrilla les decía: si nos decís donde está el armamento te respetamos la vida. Al principio la gente respondió agresivamente con palos, machetes y piedras. Pero al oír los disparos les entró miedo. En un momento en que los disparos dejaron de sonar, una mujer salió de su casa. Los guerrilleros le dijeron: portate bien y no te haremos nada. La mujer llevaba un cuchillo y agredió a un guerrillero. Entonces los guerrilleros la torturaron, la patearon, la quemaron con cigarros y la violaron. Finalmente la mataron. Esto lo hicieron Patricio e Iván, quien la violó.

Venía un anciano de unos 80 años y dijo: no me maten. Los guerrilleros le dijeron: de acuerdo, pero al acercarse el anciano les tiró una granada. Los guerrilleros lo patearon, lo culatearon y finalmente lo descuartizaron. A un hombre que decían que era jefe reaccionario y que tenía armas en su casa, le prendieron fuego a su casa con él adentro.

La consigna era: no tiren, a puro machetazos muchá... Quemaron todas las casas. En el centro de la aldea quedaba una escuela que había sido transformada en una fortificación. Conforme el ataque avanzaba, la población más y mejor armada fue tomando posiciones en la escuela, y ahí se concentraron los reaccionarios. La guerrilla intentó acercarse, pero fueron atacados. Allí es donde se dio la mayor parte de bajas de la guerrilla. Los mandos decidieron reorganizarse y se replegaron. Entonces decidieron romper el techo de la escuela, que era muy resistente, con piedras grandes. Una vez roto, lanzaron granadas y bombas al interior, y se dejaron de escuchar los disparos.

Una mujer joven le dijo a un guerrillero: no me mates y me vuelvo tu mujer. El guerrillero le golpeó la cabeza y la mató. Los más eufóricos y emborrachados eran los irregulares (FIL), que decían: con la guerrilla no se juega, hay que respetar la revolución.

La guerrilla recogió 20 granadas de mano, unas 3 minas; no se encontraron armas de guerra, sí habían escopetas calibre 12 y 22. No más de 25 ó 30 armas. Parece que sí encontraron en el depósito un fusil M-1. El ataque duró cuatro horas, aproximadamente. Terminó alrededor de las nueve de la mañana. Un guerrillero que participó y no quiere decir su nombre confiesa haber contado 125 muertos. En la aldea no quedó nada. Las FIL quemaron las casas, y la ropa en buen estado se la llevaron. Se llevaron el ganado y el maíz, y se repartió.

Después de la masacre

En el frente guerrillero no había Dirección Nacional del EGP. El EGP estaba sumido en una de sus crisis más profundas. Milton y Carlos (Fernando Hoyos) se habían ido del frente en enero de 1982. Carlos regresó en marzo a dar una vuelta y murió en julio, antes que sucediera la masacre. La mayoría de la Dirección estaba en México o en reuniones.

Nadie fue sancionado por la Dirección. Durante los primeros días hubo una cierta euforia colectiva en el frente, tanto en la población como en las unidades militares. Había la sensación de que habían cobrado lo que les debían. En agosto se realizó una asamblea que duró una semana. Se discutió la necesidad de haber hecho esa masacre y sus consecuencias. Rafael Sigüenza dijo que había sido una carnicería y que no estaba justificada. Pero de ahí surgió un pacto de no contar a nadie lo sucedido y de no reivindicar la acción. Todos se volvieron mudos. Hubo gente, no muchos, que se atrevieron a decir: se pasaron, y a cuestionar las justificaciones de la masacre. Los días posteriores algunos guerrilleros empezaron a tener contradicciones por lo sucedido y siguieron los cuestionamientos de que probablemente no fue lo mejor. IC 110, 091, 220 y 096, Txacal Tzé, 1982.

Limpieza de frontera

En Huehuetenango

En su estrategia de asalto del poder, la guerrilla pretendió en 1981 aislar totalmente a este departamento, donde estaba instalada la Dirección Nacional del EGP; además la zona disponía de corredores naturales con la región del Ixcán y el área Ixil.

Fue así como durante 1981 Huehuetenango se convirtió en centro de operaciones del Frente Ché Guevara, especialmente implantado en los municipios de San Miguel Acatán y San Rafael La Independencia. El EGP inició una campaña de eliminación del poder local del enemigo, asesinando a numerosos colaboradores del Ejército para posteriormente pasar a hostigar a las unidades militares. También durante esta época el EGP logró numerosos apoyos, algunos de ellos masivos o colectivos, entre las comunidades más próximas a la frontera. En el resto del departamento, sin embargo, los grupos de extrema derecha como el MLN, tenían bastantes seguidores.

La campaña ofensiva del EGP se prolongó durante todo el gobierno de Ríos Montt. De hecho, Huehuetenango fue el departamento donde la guerrilla desplegó las mayores acciones ofensivas y posteriormente de contención del Ejército. Así, el 2 de junio de 1982, el EGP afirmaba haber privado a 27 de los 31 municipios de Huehuetenango de luz, teléfono, telégrafo y radio, y a 16 de ellos de comunicación terrestre. con la cabecera departamental.

Pero a mediados de junio, el Ejército anunció el inicio de una operación contrainsurgente en el norte de Huehuetenango con 3,000 soldados y 14 helicópteros. Esta contraofensiva comenzó en julio y no logró desactivar la acción guerrillera, a pesar de su alto costo en vidas humanas. El 13 de julio, en medio de esta ofensiva, muere el jesuita Fernando Hoyos (comandante Carlos), miembro de la Dirección Nacional del EGP, en las márgenes del río San Juan. Más tarde la guerrilla trasladó su cuartel general a las selvas del Ixcán y el teatro de operaciones militares guerrilleras se concentró en el área entre los ríos Ixcán y Xalbal (especialmente alrededor del cerro Cuache).

En Ixcán

Tras el golpe de Estado del 23 de marzo se agregaron las zonas militares de Cobán y Huehuetenango como puntos irradiadores del Ejército sobre Ixcán. Playa Grande era el punto de confluencia de todos ellos. Allí donde había entrado el EGP hacía once años, se puede pensar que la ofensiva pretendía que, por último, saliera en retirada (Falla, 1987 inédito).

El Ejército hizo su fuerte en Playa Grande desde donde se coordinaron las operaciones, incluyendo los refuerzos que llegaban de la capital, Petén, Huehuetenango, Cobán y el Oriente. Ahí entrenaban a los destazadores, especialistas de la inteligencia militar que se distinguieron por su crueldad en las maacres. Playa Grande, primero base militar y luego zona militar, era también el lugar de control para la población que entraba y salía de ese lado del Ixcán. Numerosos testimonios recopilados por REMHI hacen referencia a la estricta vigilancia sobre el aprovisionamiento y el transporte.

La guerrilla, en ese momento, aun no admitía la envergadura de los golpes recibidos. Entre febrero y marzo sostenían que la guerra de guerrillas avanza incontenible (EGP, Informador Guerrilero, 1982). Un balance de la URNG sobre 1982 afirmaba que la ofensiva final y la Operación Victoria 82 han sido un rotundo fracaso. Aunque reconocían que el Ejército ha golpeado casi exclusivamente a la población civil, consideran que la coyuntura es particularmente favorable para desarrollar nuestra lucha hacia el triunfo, que es seguro, que está al alcance de nuestras capacidades... (Documentos EGP, núm. 20)

Las ofensivas en el corredor central

El Altiplano Central (o altiplano poblado) fue de hecho el primero que recibió una ofensiva del Ejército diseñada bajo el nuevo modelo de guerra contrainsurgente por el Estado Mayor General del Ejército. La mayoría de los modelos operativos de la misma sería aplicada en las sucesivas ofensivas que se desarrollaron bajo el gobierno de Ríos Montt.

El teatro militar comprendió el departamento de Chimaltenango, una parte de Sacatepéquez, la parte occidental de Baja Verapaz, el sur de El Quiché y el nororiente de Sololá. Además, el Frente Augusto César Sandino del EGP –que fue el que estuvo notoriamente presente en esta zona– también llegó a realizar algunas operaciones militares en Totonicapán.

Si bien en el presente análisis se considerara la zona de Baja Verapaz por aparte, hay que tener en cuenta que toda esta área geográfica constituye una sola unidad estratégica: un cinturón que enlaza los alejados frentes del norte, donde la guerrilla tenía planificado instalar sus territorios liberados, y la misma capital del país.

En febrero-marzo de 1981 el Ejército lanzó su primera campaña militar contra el centro de Chimaltenango, en la cual murieron 1,500 campesinos. Posteriormente siguió una campaña de asesinatos selectivos o masacres contra aquellas comunidades que mostraban apoyo o simpatía por los insurgentes.

Para entonces la insurgencia ya había perdido, después de las ofensivas del Ejército en la capital, el aprovisionamiento de armas que le hubiera permitido equipar militarmente a esta población. En septiembre-octubre, el EGP y la ORPA conjugaron sus esfuerzos para controlar las tierras altas de Quiché, Sololá y Chimaltenango, a fin de cortar el acceso de la capital a las zonas indígenas. Pero este plan fue neutralizado definitivamente cuando el jefe de Estado Mayor, general Benedicto Lucas, dirigió la ocupación de Chupol, el lugar más estratégico del área, y anunció que rescataría a 3,000 familias secuestradas por la guerrilla.

En Sololá

Para el EGP, Sololá y Totonicapán eran parte de la región de apoyo para el sur de El Quiché, a lo largo de la carretera Panamericana. Cierta población se incorporó al trabajo y estructuras organizativas comunitarias a partir de actividades de la Iglesia católica, de los catequistas y los miembros del CUC, sobre todo en Argueta y Santiago Atitlán en 1980. La demanda más sentida era la tierra.

Pero en Sololá convergieron varios grupos, además del EGP. Desde finales de 1979 la ORPA había establecido campamentos en Paraxot y Chuimango (bocacosta sololateca) y en las faldas del volcán Atitlán. También ahí actuó el Movimiento Revolucionario Popular MRP-Ixim, que realizaba un trabajo de reclutamiento selectivo también en Totonicapán y Quetzaltenango. El Ixim prosperó, pero cuando llegó el EGP fue cerrando el espacio, al grado que la última información que tuvimos de una persona de Chaquijyá es que el EGP mató ahí a todos los combatientes del Ixim. (IC 207, Sololá, años 80.)

La acción más notoria de la guerrilla fue la toma de la cabecera de Sololá el 28 de octubre de 1981, fiesta de San Simón, dirigida por Diego (Julio Iboy). La toma de Sololá se realizó con dos objetivos: la recuperación de armamento de la Comandancia de Reservas -que fue sequeada- y extender la influencia del EGP en la región. (IC 199, Sololá, años 80.) La guerrilla cortó la luz y a las cinco de la tarde inició el ataque. Los miembros de las FIL se movilizaron durante el día para llegar al pueblo y se diluyeron entre la multitud que asistió a la celebración religiosa. En el ataque a la estación de policía murieron cuatro agentes, los demás se rindieron. El EGP recogió todo el armamento y liberó a los presos. El gobernador murió en el tiroteo en plena calle, junto con un miembro de la corporación municipal.

Ya cuando el Ejército se había posesionado en Chupol y alrededores, estableció destacamentos en la región: en 1982 en Pixabaj, en Guineales; en 1983 en El Encanto-Pujujil; en Panajachel y Santa Clara La Laguna. La violencia continuó. El 19 de marzo, el Ejército mató a tres miembros de una familia en Chaquijyá, y llevó sus cuerpos al destacamento de Los Encuentros. El 11 de junio de 1982 el Ejército asesinó a once personas en el caserío Buena Esperanza. En marzo de 1982, la guerrilla ejecutó a siete padres de familia en Los Encuentros, acusándolos de colaborar con el Ejército. En septiembre del mismo año, el EGP mató a 16 pobladores en Pujujil I, Chuacruz.

Relaciones interétnicas y de poder en la guerrilla

La complejidad de las relaciones interétnicas se puso de manifiesto en pleno conflicto armado. Tal vez los kaqchikeles no querían que los quichés dirigieran sus estructuras, pero eran éstos los que tenían mayor disposición individual de integrarse a tiempo completo a la lucha. Los kaqchikeles son más comunitarios, mantienen más sus tradiciones y un mayor apego a la tierra y a la familia. No todos los padres aceptaban que sus hijos se incorporaran a tiempo completo, porque tenían que ayudar en el trabajo de la tierra. (IC 199, Sololá, años 80.)

Otra dimensión ofrecían las relaciones entre indígenas y ladinos. Los ladinos en Sololá son una porción minoritaria y habitan fundamentalmente en la cabecera, trabajando como empleados públicos. Cuando fue la toma de Sololá, la mayoría de los que llegaron eran indígenas y algunos de los comentarios de los ladinos eran: todos los indios son guerrilleros. (IC 209, Sololá, años 80.)

Los mandos guerrilleros no estuvieron ajenos a estos avatares. La toma de Sololá estuvo a punto de suspenderse porque en pleno preparativo surgió la discusión sobre quién debería dirigirla. Los indígenas estábamos opuestos a que los capitalinos vinieran de decirnos cómo hacerlo, no importaba que ellos fueran delegados de la Dirección Nacional. Éste era un asunto nuestro y nuestros líderes, que conocían el terreno, debían de comandarnos. Al final de arregló, pero fueron momentos de mucha tensión. En la zona Ixil ocurrió algo parecido. Incluso ahí un comandante ixil propuso un levantamiento indígena dentro de la guerrilla ante la insensibilidad de los ladinos que formaban la Dirección y sobre todo porque nos estaban llevando a un fracaso con un altísimo costo en vidas humanas, sobre todo indígenas. A este comandante se le disuadió. Decidimos que no era el momento, porque entonces sí... podiamos quedar en dos fuegos: el del Ejército y el de la guerrilla ladina. (IC 217, ex-combatiente, años 80.)

En El Quiché

Durante 1982 la actividad guerrillera continuó afectando a casi todo el departamento. El Ejército respondió con masacres masivas de comunidades campesinas especialmente del área central del departamento, recurriendo para ello en numerosas ocasiones a los mismos patrulleros civiles de comunidades vecinas.

Destacan en esta campaña las masacres contínuas contra las aldeas de municipios como San Pedro Jocopilas y los asesinatos ejemplificantes y selectivos en las cabeceras de El Quiché y Chichicastenango. Este breve recuento corresponde apenas a los meses de enero y marzo de 1982: el 5 de enero se produjo la masacre de San Bartolo Jacaltenango, donde asesinaron a 300 personas con la participación de patrulleros civiles de San Pedro Jocopilas (entre ellos Chús Barrios, Mincho Girón y Ernesto Girón, señalados de robar tierras a los de San Bartolo); el 22 de enero en el cantón Chiticun, de San Pedro Jocopilas, 40 soldados quemaron vivas a 19 personas, niños y mujeres; el 23 de enero tropa del Ejército violó y asesinó a tres jóvenes en el cantón San Pablo, de San Pedro Jocopilas; el 6 de marzo el Ejército asesinó a 200 personas en Zacualpa, según informó Prensa Libre el 11 de marzo; el 29 de marzo fueron asesinados cuatro campesinos en Santa Cruz del Quiché.

En Alta y Baja Verapaz

En las verapaces operó el Frente Guerrillero del EGP Marco Antonio Yon Sosa (MAYS), creado en 1981, y el Augusto César Sandino, especialmente en el área suroccidental. Las verapaces, sobre todo la zona suroccidental, eran consideradas por el EGP como un enclave logístico estratégico por estar radicado entre los frentes Augusto César Sandino (Chimaltenango), Ho Chi Minh (Quiché-Alta Verapaz) y el Frente de las FAR Panzós Heróico (oriente de Alta Verapaz e Izabal). Sin embargo, el surgimiento del MAYS y la intensa actividad que desplegó durante varios meses de 1981 y 1982 puede atribuirse a un intento de dispersar a las fuerzas del Ejército, que ya habían lanzado su primera ofensiva contra el Augusto César Sandino, así como a la consigna de generalizar la guerra de guerrillas.

Aunque ya se habían registrado algunos atentados previos, el comienzo de la actividad guerrillera en la zona norte puede fecharse el 12 de septiembre de 1981, cuando el EGP hizo explotar bombas en Cobán (Alta Verapaz), destruyendo la Comandancia de Reservas Militares, y en Salamá (Baja Verapaz) donde acabó con el edificio de Gobernación departamental; además cortó las carreteras entre Mixco Viejo y Granados y las de Granados con El Chol, Salamá y Rabinal.

Fue a finales de 1981, después del surgimiento del Frente MAYS, cuando se iniciaron más abiertamente las masacres, involucrando sistemáticamente a los patrulleros civiles.

Después de la ofensiva de finales de 1981 sobre el sur de Quiché y norte de Chimaltenango, sobre la ruta Panamericana, el Ejército se dirigió, en enero de 1982, a la Sierra de Chuacús y después a la sierra de los Cuchumatanes. El Ejército envió unidades de la Guardia Presidencial a estas áreas, al tiempo que comenzaron los ametrallamientos en círculo alrededor de las aldeas de Alta Verapaz, mientras el Frente Yon Sosa intensificaba sus acciones hasta agosto, cuando repentinamente cesó su actividad.

Por su parte el Ejército concentró su actividad en eliminar todo apoyo a la guerrilla en las comunidades de Rabinal, Río Negro y San Cristóbal Verapaz, las zonas geográficamente más estratégicas para la guerrilla. Así, entre septiembre de 1981 y agosto de 1983 fueron asesinadas entre 4 y 5 mil personas de Rabinal, de un total de 22,733 habitantes con que contaba este municipio (EAFG, 1995).

El general Ríos Montt dio una orden de cortar todos los árboles en un margen de 50 metros a ambos lados de las principales carreteras del país para impedir ataques guerrilleros a los convoyes militares. En 1983, los patrulleros de San Cristóbal, Tactic y Chamá, comenzaron a salir a cazar población escondida en la montaña. Los patrulleros de Salaqwín, vinculados con la Zona Militar de Playa Grande, destacaron en sus cacerías. El Ejército fijó tres lugares de concentración de población: Salaqwín, Las Conchas y la finca El Rosario.

En San Marcos

Durante esta etapa no se produjeron crímenes masivos contra la población en las zonas de influencia de ORPA. En esta situación influyó tanto el estilo de trabajo secreto y alejado de las organizaciones de masas que distinguía a ORPA, como el hecho de que el Ejército antepusiera dentro de sus objetivos estratégicos la neutralización del EGP. Sin embargo, las relaciones entre los campesinos y los finqueros de la zona fueron históricamente muy tensas. Por tanto, los propietarios agrícolas ordinariamente buscaron el apoyo y la protección del Ejército. Se sabe por testimonios de personas de las comunidades que, durante el conflicto, fue común la práctica de algunos jefes militares de recibir aportes mensuales en dinero para cuidar especialmente algunas fincas. En varias haciendas se instalaron destacamentos militares.

En San Marcos ocurrieron varias masacres y bombardeos, como se relata en el anexo del Tomo II de este Informe, en Sacuchum Dolores (San Pedro Sacatepéquez), Xolhuitz (Tajumulco), Bulaj (Tajumulco), Monte Cristo (Tajumulco) y El Tablero (San Pedro Sacatepéquez), entre otras, que tuvieron un fuerte efecto sobre el tejido social de las comunidades.

En Petén

Cuando recrudecieron los combates, a partir de 1981, el Ejército ya había iniciado la represión contra las cooperativas, caseríos, parcelamientos y aldeas donde detectaba la presencia de las FAR..La presión del Ejército contra la población que podía apoyar a los guerrilleros se mantuvo creciente, pasando de asesinatos aislados –como cuando el 14 de marzo de 1979 apareció el cadáver de Samuel Sucul, líder campesino de San Luis Petén–, a las acciones masivas. En 1980 se efectuó la primera masacre en la aldea El Limón (Santa Ana), luego esta práctica se fue extendiendo. Durante mayo, junio y julio de 1981 el Ejército se centró en Petén, donde cometió masacres y obligó a la población a huir a México. A principios de 1982 la fuerza armada organizó las patrullas civiles, particularmente en las cabeceras municipales.

Esta presión se mantuvo durante los últimos meses del gobierno del general Lucas. Sin embargo, la llegada del gobierno de Ríos Montt y la generalización de la política de tierra arrasada tuvo también efectos devastadores en El Petén, como las masacres en las aldeas Palestina, Josefinos y Macanché, en marzo y abril de 1982.

En la capital y la costa

La represión se volvió mucho más selectiva y en buena medida estuvo dirigida contra las FAR y el PGT, que aún no habían sido golpeadas en sus estructuras capitalinas. Cabe destacar, dentro de estas acciones, el desaparecimiento de 15 activistas del FERG-educación media, de tres dirigentes sindicales de la USAC y de la asesora laboral Yolanda Urízar, entre muchas más.

La costa era una área estratégica de disputa donde confluían todas las organizaciones guerrilleras y donde el Ejército concentró buena capacidad de fuego. Desde antes de la huelga de los trabajadores de las fincas, en febrero de 1980, en la zona existían destacamentos militares en Palín (uno) y Masagua (tres). En 1982 se estableció un destacamento en Sipacate, otro en La Gomera, en la Democracia y Tiquisate, lugares donde también hubo patrullas civiles. Pero donde se identifican los orígenes de la represión más dura fue en la zona militar de Santa Lucía Cotzumalguapa.

Después de la huelga de 1980 vino una gran represión. Comenzó en las fincas, con los rancheros, a los que mataron o hicieron desaparecer. También atacaron a los sindicatos; por ejemplo el Sindicato de Trabajadores de Madre Tierra y el de Santa Ana fueron descabezados completamente (IC 017, Escuintla, años 80). Los finqueros tenían contratados cuerpos de seguridad, en buena medida integrados por la Policía Militar Ambulante (PMA).

En Quetzaltenango

Bajo Ríos Montt el Ejército promovió la reestructuración del poder municipal. Seleccionó a dedo a los alcaldes, pero cuidando que tuvieran liderazgo en las comunidades. Después de posesionar a las autoridades promovió la formación de las PAC. Grupos de seis patrulleros encabezaban los operativos de búsqueda de la guerrilla entre los montes y barrancos. Para contrarrestar la probable simpatía de la población a los guerrilleros, el Ejército fue arreciando el terror. En Coatepeque las fuerzas armadas paseaban desnudos por la plaza pública a supuestos guerrilleros prisioneros, que mostraban señales de torturas, al tiempo que advertían a la población de las consecuencias de colaborar con la insurgencia. En Santa Lucía La Reforma también fueron torturados delante de la población personas detenidas por el Ejército. Sus cadáveres aparecían luego tirados a la orilla de las carreteras.

El Ejército además realizaba operativos en las comunidades y en las carreteras, donde detenía las camionetas y registraba a los pasajeros, portando listados de personas señaladas de colaborar con los grupos rebeldes. En ocasiones los soldados acompañaban a los hombres encapuchados que señalaban a los supuestos guerrilleros.

6. La Iglesia en la mira

Con la llegada del gobierno militar de Ríos Montt, la persecución contra sacerdotes de la Iglesia menguó, aunque entonces la actividad represiva se ensañó con los activistas de Acción Católica y los catequistas. Así, en diciembre, en la aldea Tabil de Santa Cruz del Quiché, el Ejército obligó a los patrulleros a asesinar a cinco activista de Acción Católica, y el 4 de ese mismo mes los militares llegaron al cantón Santabal de San Pedro Jocopilas, en busca de cuatro activistas de Acción Católica, y al no hallarlos mató a seis mujeres.

La ofensiva contra la Iglesia católica, con la llegada al poder de Ríos Montt, anciano de la Iglesia del Verbo, adquirió otro carácter. En marzo de 1983 la visita del Papa fue saludada con seis fusilamientos y actos de agravio del presidente a la máxima autoridad católica. Nuevamente, en abril, se registraron actos de sabotaje contra las celebraciones de Semana Santa, hasta que el 7 de junio la Conferencia Episcopal publicó la carta pastoral Confirmados en la Fe, condenando el régimen.

La llegada de Ríos Montt y el boom de las sectas neopentecostales tuvo una especial connotación en la ofensiva contrainsurgente. Por ejemplo, con el golpe de Ríos Montt comenzó a actuar en el área Ixil la Iglesia del Verbo, filial guatemalteca de la iglesia fundamentalista Gospel Outreach, con sede en Eureka, California, Estados Unidos. La Iglesia del Verbo, para canalizar estas ayudas, creó la Fundación de Ayuda al Pueblo Indígena (FUNDAPI), con sede en 16 calle 1-45 de la Zona 10, la cual editó documentos de divulgación desde enero de 1983.

Entre los ancianos de la Iglesia del Verbo vinculados a este programa estaban, entre otros, Harris Whitbeck, misionero del verbo y militar especializado en contrainsurgencia; Alfredo Kalschmmidt, delegado para Alta Verapaz desde su sede en Chisec; Jesse Camey, responsable del Programa de Ayuda a Áreas en Conflicto (PAAC); Rolando Lavidalle Guzmán, encargado de relaciones públicas y enlace entre la Secretaría de Bienestar Social y el PAAC; Ray Elliot hijo, responsable de PAAC para Nebaj; George Hughes, responsable de la construcción de las pistas de aterrizaje en el área Ixil.

Buscando entre las cenizas

Una visita del obispo de La Verapaz , Gerardo Flores, a las parroquias de la diócesis entre el 10 y el 17 de mayo de 1982 hacía las siguientes descripciones.

  • En algunas parroquias (Rabinal, Chisec, Raxruha, San Cristóbal) hay aldeas que han quedado sin habitantes. Otras cuentan con un número muy alto de viudas y huérfanos; no hay hombres ni jóvenes. En algunas hubo también destrucción de los templos y ermitas (Cobán, San Cristóbal). Otras viven bajo una tensión casi insorportable, porque han sido acusadas públicamente de que todos son guerrilleros. El quehacer pastoral está paralizado. Varias parrouias (Salamá, Rabinal, Calvario Cobán, San Cristóbal) han perdido a muchos de sus catequistas o delegados porque han sido asesinados, han tenido que esconderse o han dejado sus funciones. En varias aldeas los católicos han tenidos que enterrar sus biblias, libros de canto y sus cuadros.
  • Otras parroquias o parte de sus comunidades (Panzós, Senahú, La Tinta, Telemán, Tamahú, Purulhá, Cubulco, Chamelco, San Marcos Cobán) no han experimentado la violencia a gran escala, pero viven un clima de miedo, tensión y desconfianza causados por algunos secuestros, amenazas, acusaciones, rumores, prohibiciones y restricciones de actividades religiosas, o por la imposición de las PAC se ha provocado el alejamiento de los catequistas y el desánimo de la comunidad.
  • Hay sin embargo otras parroquias que casi no han conocido hechos de violencia y donde todo está tranquilo (San Jerónimo, Catedral Cobán, Boloncó, Chahal, Las Casas, Tucurú). Estas desarrollan sus actividades con normalidad, incluyendo visitas a aldeas, cursillos, reuniones y celebraciones. Igual situación se da en aquellas parrouias donde se afirma que ha vuelto la tranquilidad (Raxruhá, Campur) o donde solamente en las últimas semanas han ocurrido hechos violentos (Tactic, Carchá).

Los ataques ya no se concentran en los sacerdotes o religiosas, sino en los catequistas que son más vulnerables: todos los catequistas están con la guerrilla. Las organizaciones revolucionarias tratan de penetrar en reuniones y celebraciones manipulándolas políticamente. En La Tinta y Telemán ha habido un aumento de catequistas descontrolado: a veces confiamos en ellos sin saber quienes son. Se señala que hay un aumento del espiritismo y la brujería y que las comunidades van a las celebraciones cuando hay un conjunto musical.

El protestantismo

  • En el Polochic su influencia es muy fuerte, por ejemplo en Tamahú se fueron dos catequistas con toda su gente.
  • En Chahal hacen muchas visitas a domicilio y cinco catequistas se han pasado al evangelio.
  • En Boloncó muchos se pasan por el ataque fuerte de los protestantes.
  • En Cobán unas señoras evangélicas invitan a muchas señoras católicas importantes a reuniones tipo carismático.

La cosa se pone peor cuando se mezclan conflictos de tipo político con tensiones religiosas. Por ejemplo en el cruce en Playa Grande, se causa muchos problemas a los católicos mientras que dejan pasar sin más a los evangélicos. Los protestantes muchas veces escapan de la represión (Rabinal) o son los que provocan las primeras dificultades por sus denuncias falsas o buscan puestos públicos (comisionados) para imponerse sobre la mayoría católica (Cobán). Un caso extremo es el de Salaqwim (Cobán) donde el comisionado utilizó su poder para ganar feligreses: daba la inscripción militar solamente a los que pasaban a la Iglesia Nazarena. Él es responsable de la muerte de un catequistas y del secuestro de un grupo de diez personas. Está también la imposición de una nueva tarjeta de identificación personal con la mención de la religión que profesa el portador.