CAPÍTULO QUINTO

EL GOBIERNO DE MEJÍA VÍCTORES

El 8 de agosto de 1983 se produjo el golpe que depuso a Ríos Montt y colocó como jefe de Estado al ministro de la Defensa, general Oscar Humberto Mejía Víctores. La asonada apenas encontró oposición. Se resistió la Guardia Presidencial, con un saldo de cinco muertos y 30 heridos, y un grupo de oficiales jóvenes transmitió por la radio un comunicado acusando a Mejía Víctores de ser responsable de la represión en los 17 meses anteriores.

La proclama golpista la encabezaba el general Mario López Fuentes, como jefe del Estado Mayor de la Defensa, pero además iba calzada por todos los comandantes de zonas militares y de guarniciones de importancia en el país, un grupo que pasaría posteriormente a seguir controlando colegiadamente la situación política a través del llamado Consejo de comandantes . El nuevo régimen militar se apresuró a formar un gobierno predominantemente civil; Fernando Andrade Díaz-Durán, un influyente político conservador y empresario financiero, cercano a los generales Rodolfo Lobos Zamora y Héctor Nuila Hub, se convirtió en la figura clave de la transición política. De hecho, el golpe no implicó una ruptura con el proceso iniciado en 1982, sino acaso una vía menos radical, lo que sin embargo no evitó confrontaciones con los empresarios y los partidos, ni el peligro de inestabilidad política.

En las zonas rurales, una vez superada la etapa más aguda de las campañas contrainsurgentes, quedó la infraestructura parcialmente destruida, la producción desorganizada, y cientos de miles de víctimas que requerían programas de emergencia que el Estado no estaba en capacidad de garantizar. El esquema de aldeas modelo y polos de desarrollo ni siquiera llegó a cubrir las necesidades mínimas de sobrevivencia de las personas internadas en estos proyectos, y las ayudas internacionales que pudieron canalizar –por ejemplo al controlar los fondos del Programa Mundial de Alimentos, o las donaciones para desarrollo rural de la AID– resultaron insuficientes.

Con el golpe de estado de 1983 el Ejército intentó especialmente restablecer la estabilidad interna de la institución, que había sido conmovida por los jóvenes oficiales que impulsaron el golpe del 23 de marzo de 1982. Apenas instaurado el gobierno de Mejía Víctores se volcó a reencauzar el proceso de institucionalización del régimen.